Autor: Dr. José Manuel Ávila Rivera

El estrés es una palabra de etimología inglesa que significa “agresión”. El estrés forma parte de nuestra vida, ya que estamos inmersos en continuos cambios y desafíos que afectan a nuestra integridad física y mental. Una situación de estrés puede ser puntual o puede estar mantenida en un largo periodo de tiempo, llegando a cronificarse. Ante esta situación, la calidad de vida se ve afectada y la alimentación tiene que combatir todas las posibles deficiencias nutricionales para recuperar su estado de salud.

Nuestro organismo reacciona ante cualquier agresión mediante un sistema de respuestas que, si bien tienen un significado de compensación, constituyen motivos de manifestaciones clínicas y, con frecuencia, se convierten en mecanismos nocivos al sobrepasar en intensidad o en tiempo las circunstancias de una adaptación adecuada.

En la práctica, sin reacción no hay enfermedad. La reacción constituye una parte fundamental del proceso de enfermar y su trascencia fisiopatologica, clínica, pronostica y evolutiva es equivalente a las consecuencias directas de la agresión.

En sus inicios, la agresión tiene una repercusión local, aunque acaba siempre manifestándose por una reacción general a través de diversos sistemas de respuesta que, de una manera u otra, se interrelacionan.

La reacción del organismo se produce ante muy diversos tipos de agresión, los cuales, desde la descripción por Selye del Síndrome General de de Adaptación, se conocen con el termino común de estrés. Bajo este termino se incluyen múltiples causas que alteran la fisiología normal del organismo: infecciones, traumatismos, agentes físicos y químicos, lesiones internas (necrosis, neoplasias, etc.), estímulos que producen emociones y situaciones de angustia y depresión.

Ni las causas de la agresión ni los mecanismos de reacción intervienen de forma aislada, sino que se imbrican sucesivamente. Una agresión, en principio física, como puede ser un traumatismo o una quemadura, es causa de inflamación y, además, ocasiona una respuesta emocional de adaptación a la nueva situación. Por otra parte, sustancias liberadas como consecuencia de la inflamación, actúan sobre receptores situados en el Sistema Nervioso Central y en el hipotálamo, desencadenando una respuesta neuroendocrina.

Los tipos de reacción que pone en marcha nuestro organismo ante una agresión van a ser dos: una reacción a través del sistema neurohormonal (hipotálamo-hipófisis) y neurovegetativo y otra que se origina en el mismo foco de la lesión, mediante la liberación de una sustancia que se denomina citocinas.

El estrés lo podíamos definir como cualquier estímulo agresivo de naturaleza biológica, física, química o psicosocial que amenaza con alterar el equilibrio homeostático fisiológico. La respuesta normal al estrés provoca la activación de una estructura cerebral llamada hipotálamo, que a su vez estimula a la hipófisis y las suprarrenales (eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal), al sistema nervioso simpático con la liberación de catecolaminas y a las vías neuronales que median el estado de alerta y de adaptación de la conducta.

El síndrome general de adaptación se entiende como una alerta general del organismo, que se acompaña de aumento de los sistemas de vigilancia, movilización de las reservas energéticas (aumento de la función cardiorrespiratoria y cambios metabólicos) y preparación de los sistemas orgánicos de defensa y combate (redistribución del flujo de oxigeno y de nutrientes). Durante la respuesta al estrés, el organismo da preferencia a los sistemas de supervivencia inmediata (cerebro, aparato cardiovascular, sistema esquelético, metabolismo) mientras relega a un segundo plano las funciones de crecimiento y reproducción necesarias para el desarrollo y la conservación de la especie a más largo plazo. 

Los limites de la respuesta son muy amplios en relación con la categoría del estímulo y la configuración previa del individuo. Esta reacción defensiva general frente a múltiples estímulos nocivos no siempre es beneficiosa para el individuo. La persistencia del estímulo estresante, una respuesta inflamatoria continuada o la aparición de complicaciones puede, con el tiempo, conducir a la disfunción orgánica progresiva y múltiple o incluso a la muerte a través del síndrome de fallo multiorgánico. Con frecuencia, la respuesta normal al estrés desencadena o agrava un importante número de enfermedades, extraordinariamente comunes en la clínica diaria (hipertensión arterial, arteriosclerosis, trastornos digestivos, ansiedad-depresión). Existen datos concluyentes sobre la hegemonía de la función neuroendocrina en la respuesta al estrés. Neurotransmisores, hormonas, citocinas y sus correspondientes receptores celulares conforman la base fisiolologica de la actual teoría integradora neuroinmunoendocrina que aseguraría, en conjunto, el equilibrio homeostático, amenazado por el estrés.

Las situaciones de estrés asociadas a la amenaza de la integridad orgánica y psicológica son extraordinariamente heterogéneas; en sentido estricto bastaría con que el individuo percibiera el estimulo como realmente peligroso para su hemostasia física o mental, para que se originase una respuesta.

El estrés psíquico es una de las experiencias humanas más comunes, especialmente modulada por factores genéticos y del contexto social y por el aprendizaje. El sistema límbico sería el encargado de evaluar la señal estresante, comparándola con la experiencia acumulada, y decidiría si el hipotálamo, verdadero brazo referente en el ajuste de las funciones del medio interno, debe ser informado.

Efectos Perjudiciales del Estrés

Las repuestas neuroendocrinas, metabólicas y sobre los mediadores de la inflamación que caracterizan al síndrome general de adaptación al estrés afectan de manera desfavorable el curso de numerosas enfermedades, sobre todo las relacionadas con el sistema cardiovascular y al aparato digestivo. No obstante, se han descrito trastornos debidos al estrés en múltiples áreas orgánicas. Por ejemplo, crisis de asma bronquial, ciertas formas de diabetes mellitas, brotes agudos de enfermedades autoinmunes o, incluso, una mayor tendencia a padecer catarro común. A medida que se conocen mejor los mecanismos biológicos por los que el estrés físico y psicológico altera el concepto general de salud, adquieren mayor importancia el reconocimiento y el tratamiento adecuado de las reacciones desmedidas, sobre todo en pacientes especialmente vulnerables.

El infarto agudo de miocardio es uno de los mejores ejemplos de enfermedad aguda desencadenada por el estrés físico o psicológico. Además, la respuesta crónica al estrés a través de los cambios metabólicos, hormonales y sobre la hipertensión arterial acelera el curso de la arteriosclerosis. La alerta general orgánica del síndrome general de adaptación origina hipertensión, elevación de ácidos grasos libres y del colesterol, aumento de la agregación plaqueta ría, de la formación de trombos y del consumo de oxígeno. Todos estos factores actúan de forma deletérea sobre la enfermedad vascular coronaria y sobre otros territorios y pueden desencadenar episodios isquémicos.

El perfil de comportamiento definido como “patrón A” (individuos competitivos y combativos, sobre todo en relación con el trabajo, que presentan sentimientos de urgencia temporal y altos niveles de insatisfacción y hostilidad) resulta especialmente susceptible e hiperactivo frente al estrés. Diversos estudios epidemiológicos han demostrado que el patrón A de conducta se asocia a una mayor incidencia de enfermedades coronarias.

En el área de las enfermedades gastrointestinales, clásicamente se han descrito dos tipos de trastornos: las enfermedades sin lesión anatómica, denominadas funcionales, y los trastornos psicosomáticos con lesión anatómica. Entre las primeras destaca las dispepsias funcionales comunes y el síndrome de colon irritable. Entre los trastornos orgánicos digestivos predomina la úlcera gastroduodenal.

El mejor ejemplo de enfermedad digestiva aguda desencadenada en presencia del síndrome de adaptación lo constituyen las hemorragias digestivas por el estrés. Estos trastornos se producen por el desequilibrio entre los factores agresivos y defensivos de la mucosa gástrica.

Con respecto a las enfermedades infecciosas, es sabido el efecto inmunosupresor provocado por el estrés. Varios estudios han puesto de manifiesto la relación del estrés psicológico y la reactivación de ciertas enfermedades bacterianas o víricas. El síndrome de fatiga crónica también se ha relacionado con infecciones víricas crónicas reactivadas como respuesta alterada al estrés.

Las secuelas psicológicas al estrés comprenden desde fenómenos de ansiedad, crisis de angustia, depresión y conductas autolíticas hasta los efectos adversos de la adicción a drogas, como el tabaco o el alcohol, que constituyen una respuesta equivocada de lucha frente al estrés psicológico.

Los traumatismos psíquicos graves originan el denominado estrés postraumático, caracterizado por la persistencia de la respuesta psicológica aguda con hipervigilia permanente, tendencia a la irritabilidad y la agresión, fijación mental en el trauma, miedo, constricción de la personalidad, reacción inapropiada ante estímulos menores y trastornos del sueño. Se considera que el desequilibrio entre los sistemas adrenérgicos, serotoninérgicos y de los opiáceos endógenos, constituyen la base fisiopatologica de este síndrome postraumático.

Control del Estrés

El objetivo será llegar a adoptar un nuevo estilo de vida que pueda resultar incluso más satisfactorio que el anterior. Dejamos unas claves prácticas para conseguirlo:

Desaceleración

Realizar las actividades habituales (comer, conducir, caminar, hablar, etc.), sin sensación de apremio o urgencia, más lentamente.

Pensamiento positivo

Pensar lo más posible que ¨esto es lo mejor que puedo estar haciendo en este momento¨.

Liberación de anteriores dependencias

Liberación de la preocupación excesiva con respecto al reloj, al qué dirán, a los compromisos sociales… Saber decir “No”.

Aprender a relajarse

Aprender a desconectar es básico para disminuir emociones negativas y mejorar.

La calidad de vida y el apoyo social

Desarrollar relaciones de calidad con la familia y amigos.

Las Claves

Respuestas

Al síndrome general de adaptación al estrés

Las respuestass neuroendocrinas, metabólicas y sobre los mediadores de la inflamación que caracterizan al síndrome general de adaptación al estrés afectan de manera desfavorable el curso de numerosas enfermedades.

Mecanismos

El estrés altera el concepto general de salud

A medida que se conocen mejor los mecanismos biológicos por los que el estrés altera el concepto general de salud, adquieren mayor importancia el reconocimiento y el tratamiento, sobre todo en pacientes especialmente vulnerables.

Infarto

Enfermedad desencadenada por el estrés

El infarto de miocardio es uno de los mejores ejemplos de enfermedad aguda desencadenada por el estrés, a través de los cambios metabólicos y sobre la hipertensión arterial, acelera el curso de la arteriosclerosis.

Patrón ‘A’

El perfil de comportamiento definitivo

El perfil definitivo como “Patrón A” (individuos competitivos y combativos, sobre todo en relación con el trabajo, que presentan sentimientos de urgencias temporal, y altos niveles de insatisfacción y hostilidad) resulta especialmente susceptible frente al estrés.

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